Nacido en Nagoya, Japón, Hiroyuki Doi lleva trabajando obsesivamente desde la muerte de su hermano hace más de veinte años. Usando el círculo como unidad básica, Doi hace obras espectacularmente sencillas y complejas a la vez. Su técnica no tiene secretos; sobre papel japonés llamado washi y con simple pluma atómica, Doi va construyendo de adentro hacia afuera un mundo hecho por miles y miles de diminutas elipses. “Al dibujar,” explica Hiroyuki, “empecé a sentir alivio y en cierto punto noté que algo ajeno a mi me permitía hacer estas obras. Pintando círculos me siento vivo y existiendo en el cosmos.” Sus obras, a pesar de ser absolutamente abstractas, nos permiten hacer un sinnúmero asociaciones al mundo tangible. Por la relación que los dibujos tienen a la muerte de su hermano, Doi dice que “remiten a la transmigración del espíritu, al cosmos, la coexistencia de seres vivos, células humanas, el diálogo y la paz.”





