Ronald y Jessie Cooper no llevaron a cabo ningún tipo de actividad artística hasta que estuvieron en sus cincuentas. Nativos de Kentucky, ambos pasaron sus días trabajando en tiendas y fabricas para mantener a sus cuatro hijos. De joven Jessie solía pintar piedras, pero Ronald nunca mostró interés en ello sino hasta después de 1984, tras dos ataques cardíacos y un terrible accidente que lo dejó incapacitado para trabajar y deprimido. Sus hijos le llevaban pedazos de madera y herramientas, y él construía juguetes hechos a mano que más adelante su esposa pintaba y vendía en la tienda de manualidades. Impulsado por un profesor de arte de la universidad, Ronald comenzó a esculpir humanos y animales de ramas y trozos de madera. Después de una pavorosa pesadilla, Ronald empezó a pintar imágenes y personajes apocalípticos, mientras dibujaba escenas bíblicas por toda la sala de su casa. Hoy en día Jessie se ha vuelto demasiado débil como para pintar, pero Ronald sigue haciendo sus esculturas.



