Joe Coleman nació en Connecticut y desde niño fue catalogado como “emocionalmente inestable” tras incendiar el patio de su escuela y gracias a una serie de dibujos que hizo de santos sangrando. Conocido en un principio como el excéntrico que le mordía la cabeza a los ratones, Coleman solía llegar a fiestas sin invitación tan solo para abrirse la camisa y detonar pequeños explosivos que se había adherido al cuerpo. Los invitados, obviamente, quedaban aterrorizados. Su obra, a pesar de su actitud bárbara, es tan tremendamente detallada que la hace con piezas ópticas de joyero para lograr detalle máximo. Generalmente tiene una pieza central en medio de la obra y esta es rodeada por texto e ilustraciones que muestran escenas trágicas de su niñez y de la relación con sus padres. Además de incluirse a él mismo en sus obras, los personajes que usa son asesinos, artistas, famosos, familiares y amigos. Su hogar en Brooklyn muestra su fascinación por los objetos extraños, ya que cuenta con un museo privado al que llama algo así como el “rarezario” o “espacio de rarezas”.






